Ponencia y Registro Sonoro 3era sesión Seminario Militante: El movimiento Obrero

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Seminario Militante No. 12: Anarquismo en España. A 80 años de la Revolución de 1936

Tercera sesión: El Movimiento Obrero. Febrero 23 de 2016

Antecedentes

El inicio de la influencia anarquista en el seno del movimiento obrero español data de los años de la Federación Regional Española (FRE), de la primera Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), fundada 1870 y que logró ser una de las secciones más grandes e importante de la Primera Internacional, alcanzando un carácter de masas sobre todo en la región catalana. En esta organización confluyeron elementos cooperativistas, sindicalistas, republicanos, bakuninistas y más tardíamente marxistas, influidos por las múltiples corrientes revolucionarias internacionales en boga en ese entonces entre los trabajadores de la región. En general todas las secciones de la AIT sufrirían una severa represión tras los sucesos de la Comuna de París que motivaron a la burguesía europea a desatar una gran campaña de terror anti socialista. En este marco se venía desarrollando el conflicto internacional entre los simpatizantes de las tesis anarquistas de la Alianza Internacional de la Democracia Socialista (ADS) organizada por Bakunin y los del Consejo General de Londres presidido por Marx, conflicto que a nivel español llevaría a la escisión de la organización entre un pequeño núcleo socialista asentado en Madrid y el más amplio movimiento anarquizante asentado en Cataluña liderado por Anselmo Lorenzo.

Esta mayoría pasaría a participar junto con el resto de las secciones simpatizantes de las tesis federalistas de la llamada Internacional de Saint Imier o Internacional Federalista conformada en 1872. Un año después en España se daría la proclamación de la Primera República, hacia la que los internacionales mostraron inicialmente un apoyo crítico, lo que nos les impidió por ejemplo liderar importantes huelgas como la protagonizada por los obreros del sector ferroviario. Sin embargo, los federalistas españoles pasarían a la oposición, para participar en algunas de las rebeliones cantonales, especialmente en la llamada Revuelta de Petroli en Alcoy. En 1874 la organización seria ilegalizada y pasaría a la clandestinidad, radicalizando sus métodos de lucha y declinando su influencia social hasta su disolución en 1881.

Como continuación de la tradición libertaria de organización obrera y campesina iniciada por la primera FRE, se creó la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE) fundada en 1881 por líderes como Antoni Pellicer y Paraire, con un perfil sindicalista y legalista, fuerte entre los jornaleros agrícolas de Andalucía. La nueva Federación se vio atravesada por las tensiones doctrinales entre colectivistas que privilegiaban la acción sindical y comunistas que enfatizaban la acción insurreccional que sacudían las filas del anarquismo decimonónico lo que la conducirá a experimentar una ruptura con el grupo de Los Desheredados. La FTRE será duramente golpeada con la detención de 5 mil de sus miembros en el proceso emprendido por las autoridades contra la Mano Negra a finales de 1882, lo que aceleraría su disolución en 1888.

A esta experiencia organizativa le sucedería la Federación Española de Resistencia al Capital, mejor conocida como Pacto de Unión y Solidaridad, fundada en 1888, de perfil más sindicalista y reivindicativo, que lideraría la huelga general por las 8 horas de trabajo en 1891 y algunos intentos de organización unitaria con los socialistas, para pasar a desarticularse en la segunda mitad de la década de los 90s del siglo XIX en parte por la represión sufrida por el movimiento obrero como consecuencia de la campaña de terror desatada por el Estado tras el inicio de las infecundas acciones de propaganda por el hecho.

Más adelante se desarrollaría la Federación de Sociedades de Resistencia de la Región Española (FSORE) fundada en 1900, también de impronta sindical aunque con un más claro programa revolucionario. Esta organización contaría con una gran actividad en el periodo huelguístico andaluz de 1902-1903 y ejercería un importante liderazgo de conflictos sociales en ciudades como Guijón, La Coruña, Sevilla y Barcelona. La organización sería virtualmente desarticulada por la represión gubernamental en 1905.

A esta agrupación nacional le sucedería la organización regional Solidaridad Obrera, fundada en 1907 primero como Unión o Federación Local de Sociedades Obreras de Barcelona por iniciativa de organizaciones como la Sociedad de Pintores, de Dependencia Mercantil, Pasteleros y Confiteros, Metalurgia y Tipógrafos, en donde se destacan figuras como el líder sindical de los trabajadores de la pintura: Salvador Segui. Solidaridad Obrera alcanzaría una gran actividad en 1908, año en el que se  re-articularia como Confederación Regional de Sociedades de Resistencia. Finalmente, esta misma organización sería prácticamente desarticulada tras la represión desencadenada tras los sucesos de la semana trágica de 1909 en Barcelona.

Tabla 1. Organizaciones obreras de influencia libertaria en el periodo 1870-1910

Organización Periodo Afiliados Presencia
Federación Regional Española de la Asociación Internacional de Trabajadores (FRE-AIT) 1870-1881 1764 (1870)

150 soc-15 mil (1872)

29 mil (1873)

3 mil (1880)

Castilla, Andalucía y Cataluña
Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE) 1881-1888 60 mil (1881)

80 mil (1882)

Andalucía y Cataluña
Pacto de Unión y Solidaridad 1888-1896   Castilla y Cataluña
Federación de Sociedades de Resistencia de la Región Española (FSORE) 1900-1907 150 soc.-50 mil (1900)

73 mil (1901)

Andalucía y Cataluña.
Solidaridad Obrera (SO) 1907-1910   Cataluña

La Confederación

La tradición obrera libertaria dio un salto cualitativo en el Segundo Congreso de Solidaridad Obrera realizado en Barcelona a finales de octubre 1910. Esta instancia se convertiría en el Congreso Fundacional de una nueva central sindical nacional de tercer grado, la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), en un evento que reuniría unas 142 sociedades obreras en representación de unos 30 mil trabajadores. El proyecto de la Confederación, que tomaba por referencia a la Confederación General del Trabajo (CGT) sindicalista revolucionaria de Francia, empezaría a consolidarse durante su primer Congreso, realizado en la misma capital condal en septiembre 1911 tras un ligero aumento de afiliados, cuya taza total sería establecido por algunos autores en 40 mil.

Unos años más adelante se realizará en el teatro La Comedia de Madrid en el mes de diciembre de 1919 el segundo congreso confederal, desarrollado en un contexto socio político marcado por el impacto de la Revolución Rusa y la experiencia de la huelga general revolucionaria de agosto de 1917, que incluso conduciría a la Confederación a solicitar su afiliación temporal a la Internacional Comunista o Komitern y más tardíamente a su organismo reivindicativo, la Internacional Sindical Roja o Profintern, gracias a la influencia en el seno de la organización española de socialistas como Andreu Nin o Joaquín Maurín. El llamado Congreso de La Comedia, contaría con la participación de 450 sindicatos que a su vez reunían unos 750 mil afiliados y sería clave por las decisiones estratégicas tomadas en su interior, como la de estimular la organización de Federación de Sindicatos de Industria o de segundo grado en las ramas de producción para mejorar la coordinación entre los trabajadores. En febrero de ese mismo año la Confederación orientaría la importante huelga de La Canadiense, de los asalariados de la compañía eléctrica de Barcelona, que se impondría a los patronos y obtendría por primera vez en el estado español la jornada laboral de 8 horas. En el plano de las relaciones internacionales, la CNT giraría hacia una posición crítica hacia la dictadura bolchevique tras el viaje realizado por Ángel Pestaña a Moscú, lo que la conduciría a participar en el Congreso de Berlín de 1922 en la fundación de la segunda Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) de tendencia anarcosindicalista.

Ya durante el llamado bienio rojo o reformista de la Segunda República, se desarrollaría también en la capital castellana el tercer congreso confederal de junio 1931, que registro un nada despreciable número de 535.656 afiliados. Ese mismo año, se realizaría la importante huelga de los obreros de la Compañía Telefónica Nacional de España, que conduciría a un fuerte enfrentamiento con las autoridades republicanas. En este periodo hallaríamos puntos muy altos y bajos de afiliación nacional, siendo el más positivo el conseguido en diciembre de 1931 cuando se lograrían unos 800 mil afiliados, y el más negativo el de enero de 1934, que contaría con un nivel de afiliados confederales de 300 mil, medio millón menos que lo conseguido pocos años antes, como consecuencia tanto de la persecución desatada contra la CNT por las autoridades republicanas, agravada en el bienio negro o reaccionario, como del fracaso de la estrategia que García Oliver llamaría péndulo acción-represión y gimnasia revolucionaria, que conduciría al desarrollo de tres insurrecciones populares fallidas en enero de 1932 en Alto Llobregat, de enero de 1933 especialmente en Casas Viejas y en diciembre de 1933 con eje en Zaragoza.

Ya en medio del gobierno del Frente Popular, se realizaría en mayo de 1936 el cuarto congreso de la organización con una masa de 559.294 afiliados, en medio de un proceso de reagrupamiento y crecimiento experimentado por la Confederación desde inicios del 36. En este Congreso se adoptaría el famoso concepto confederal de comunismo libertario que entremezclaría tesis comunalista y sindicalistas, inspirado por la obra del intelectual, médico naturista Isaac Puentes, militante de la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Al mismo tiempo se daría el reintegro en la organización de los llamados sindicatos de oposición inspirados en las posiciones del Manifiesto de los Treinta, defensoras de las tácticas gremiales y críticas de las intentonas insurreccionales, expulsados por la presión del ala faista de la organización en 1932 y agrupados en la Federación Sindicalista Libertaria (FSL) que lograba reunir unos 70 mil afiliados, especialmente implementados en las poblaciones intermedias en los alrededores de Barcelona. Ya durante la revolución y la guerra civil, la CNT llegaría a su pico máximo de influencia en los primeros meses de 1937 cuando en el contexto de sindicalización obligatoria y control obrero de la producción, registraría 1´500 mil afiliados.

Tabla 2. La Confederación Nacional del Trabajo en el periodo 1910-1939.

Congresos Periodo Afiliados
Fundacional Octubre 1910 142 soc.-30.000
Primero Septiembre 1911 40.000
Segundo Diciembre 1919 450 soc-750.000
Tercero Junio 1931

Diciembre 1931

Enero de 1934

535.656

800.000

300.000

Cuarto Mayo 1936

Mayo 1937

559.294

1´500.000

En su versión conservadora, el historiador Julián Casanova resalta la existencia al interior de las fuerzas confederales de tres diversos niveles diferentes de participación e influencia: 1) en primer lugar, un grupo minoritario de militantes, con altos niveles de alfabetismo, politización y participación en la vida orgánica del movimiento anarquista. 2) En segundo lugar, un grupo también minoritario pero mucho más amplio que el primero, conformado por los militantes de base, alfabeto y politizados pero centrados en la labor sindical. 3) En tercer lugar, hallaríamos a los afiliados, la base confederal, con grados variables de alfabetismo, ideas políticas más vagas y que participan de la organización según la efectividad de la misma en los conflictos y la satisfacción de reivindicaciones concretas.

 

 

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