Ponencia 4ta sesión Seminario Militante: Las Mujeres y el genero

Seminario militante No 12: Anarquismo en España. A 80 años de la Revolución Española
Cuarta sesión. La situación de la mujer en España. Marzo 1 de 2016

“Las inhibiciones y las tradiciones masculinas están muy profundamente arraigadas. Me temo que seguirán existiendo hasta mucho tiempo después de que se haya establecido el anarquismo.”
-Emma Goldman-

A principios del siglo XX en España y tras 40 años de activa y masiva influencia anarquista, esta corriente socio-política tenía una escasa influencia entre las mujeres. Los temas y programas de acción relacionados con la liberación femenina ocupaban espacios marginales en los congresos y organizaciones obreras, en la prensa libertaria dominada por la visión masculina se reproducían planteamientos sexistas y eran pocas las publicaciones destinadas específicamente a la mujer destacándose periódicos como “Humanidad libre” (1902) y “Mujer Moderna” (1904). Cuando se abordaba la cuestión de la mujer en los ambientes libertarios, se le solía asociar tradicionalmente con temas como la familia, al matrimonio, el amor, la reforma sexual, educación, maternidad y prostitución, todos relacionados con los roles tradicionalmente asignados al segundo sexo y limitados a la esfera privada. Incluso líderes obreras anarquistas como Teresa Claramunt, que habían advertido de la importancia de organizar a las mujeres obreras como uno de los segmentos más precarizados del naciente proletariado, no podían escapar del simbolismo de la figura de la virgen revolucionaria, madre de los pobres y desheredados, que acompañaba también a Louis Michel[1].

Sobre las relaciones sociales entre hombres y mujeres en las culturas latinas, incluida la española, Emma Goldman, consideraba que estas estaban marcadas por un profundo machismo que legitimaba una situación de inferioridad de la mujer y obligaba a esta a reducir su existencia a las tareas estrictamente maternales. Consideraba que en España, el número de mujeres progresistas era muy reducido en términos comparados y el común de las mujeres españolas fanatizadas por la Iglesia Católica, habían sido un factor clave en al ascenso de la reacción española, refiriéndose al peso que había tenido el voto femenino especialmente de los sectores medios, decisivamente influido por el clericalismo, en las elecciones de diciembre de 1933, la primera en la que las españolas ejercían derechos de representación política, cuando la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) saldría triunfante de la elecciones parlamentarias e iniciaría el llamado Bienio Negro o Reaccionario[2].

La líder anarquista, resaltaba con frustración que la educación de las mujeres era una de las tareas más urgentes y necesarias en el contexto republicano, pero que las urgencias derivadas de la guerra antifascista y la reorganización económica revolucionaria, relegaban este tema a la marginalidad. Para ella la emancipación de las mujeres y las políticas asociadas a este objetivo como la instrucción, la salud, la crianza y la planificación familiar eran temas descuidados por una militancia libertaria volcada sobre los problemas económicos. Sin embargo, también advertía que desde su última visita al país ibérico en 1929, las mujeres estaban más interesadas en las problemáticas y luchas sociales, si bien sus niveles de contribución a la obra revolucionaria eran sumamente débiles por falta de conciencia y cualificación[3].

Opinando sobre la revista Mujeres Libres de la que era colaboradora y que la habían invitado a su gira por España en 1936, Goldman resaltaba la valía del proyecto y el liderazgo ejercido por los anarquistas en la gestación aún precaria de un movimiento de mujeres, no sin dejar de apuntar que nacía con 50 años de retraso con respecto a otros países de Europa Occidental, donde los avances igualitarios eran aún insuficientes. Lo mismo apuntaba sobre los relativos progresos conseguidos durante la Segunda República, especialmente en términos de los derechos civiles y políticos, que paradójicamente no había logrado liberar a las mujeres de las cadenas de la pobreza y la ignorancia[4].

NOTAS:

1.Vicente, Laura. Teresa Claramunt. Pionera del feminismo obrerista anarquista. Colección Biografía y Memorias, Fundación Anselmo Lorenzo. Madrid, 2006. Pág. 81.

2.Porter, David (editor). Visión en llamas. Emma Goldman sobre la Revolución Española. El Viejo Topo. Barcelona, 2006. Pág. 326.

3.Porter, David (editor). Visión en llamas. Emma Goldman sobre la Revolución Española. Pág. 328

4.Porter, David (editor). Pág. 331

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