Reflexiones sobre el trabajo de base de matriz libertaria. – Federación Anarquista Gaucha

La izquierda brasilera vive una crisis de movilización que viene de décadas atrás. Eso queda en evidencia frente al escenario de ajuste, de recomposición conservadora y del retroceso en temas de derechos en el Brasil pre y pos dictadura. Así nos encontramos desarmados ante tantos ataques.

A pesar de las buenas movilizaciones recientes, posibilitadas en gran medida por los nuevos medios y redes sociales, el fracaso constante al movilizar amplios sectores de las clases oprimidas quedó claro tras el 2013 pues se evidenció el carácter volátil y pulverizado de los conflictos. A pesar de que en ese momento algunas movilizaciones lograron un relativo grado de radicalidad, muy raramente se encontraron entre sí, expresando una clara señal de fragmentación.

La intención de este texto, producido a partir de modestos esfuerzos personales al interior de una historia colectiva y militante, es hacer algunos apuntes enfocados hacia el campo libertario enraizado en la lucha de clases sobre la necesidad de forjar un amplio y vigoroso trabajo social. Más allá de eso, pues la necesidad de este trabajo es bastante obvia, el objetivo es hablar sobre qué consiste, cuándo, dónde, cómo iniciar y hacer progresar el trabajo de base de matriz libertaria.

En la izquierda, entendemos el trabajo de base como el esfuerzo exitoso de movilizar al pueblo, las clases oprimidas, en instancias organizativas regulares para la defensa de sus intereses, para defender los derechos garantizados y conquistar nuevos, teniendo como horizonte la superación política y económica de la clase dominante.

Para nosotros garantizar el carácter libertario es imprescindible, pues en últimas no queremos repetir modelos trágicos que buscan reunir fuerzas y canalizar la esperanza de los oprimidos hacia la vía electoral; camino que la historia demostró más de una vez ser un desastre. O el trabajo, casi aún más trágico, que busca inmovilizar a la base eliminando su carácter creativo y autodeterminado típico de las clases oprimidas, para formar una masa monolítica, acorralada y presa de maniobras impuestas por el centralismo de direcciones vanguardistas y autoritarias, que incluso queriendo la superación de las clases dominantes buscan hacerlo en el marco de la recreación de un Estado “popular” centralizado.

Nuestro camino es otro. Nuestro papel es el de juntar al pueblo, contribuir con herramientas para su lucha, potencializándolo. Es organizar su interior con bases populares y defender un movimiento consciente, con acción directa de base rumbo a sus objetivos inmediatos. Y por último, por medio de la solidaridad de clase crear, fortalecer y unificar instancias de base y federar las luchas rumbo a un destino común; fortaleciendo la participación activa y ampliando el nivel de responsabilidad del sujeto frente al colectivo, este es el trabajo de base que se hace urgente de hacer.

En cuanto al conjunto del campo libertario, es a partir de nuestro marco teórico que orientamos esta tarea en todos los frentes sociales de los oprimidos: trabajadores y trabajadoras urbanas y rurales, pobladores de la periferia, negros y negras, disidentes sexuales, sin techo, estudiantes, juventud pobre, etc. Aunque otras variantes teóricas de la lucha de clases concluyan la existencia de un sujeto revolucionario dado a priori por las contradicciones económicas, para nosotros este tipo de conclusión es puro idealismo pues ese sujeto revolucionario no será fabricado por el capitalismo, sino que tiene que ser construido en los conflictos existentes a través de las más variadas demandas populares, luchando contra todas las formas de dominación, explotación económica, dominación racial y de género, y con el ejercicio de la solidaridad permanente entre las luchas que provienen de abajo.

Ya que cada sujeto social tiene rutinas llenas de dramas, de sueños y esperanzas, es imposible organizar de igual a igual un determinado sujeto social sin vivir sus dolores y frustraciones. Y es más imposible imaginar que la ideología libertaria se materializará en ese sujeto si no actúa junto a él en el día a día. No abogamos por el entrismo de gente que viene de otros campos privilegiados hacia el interior de las luchas de las capas más excluidas, pero si por la actuación a partir de lo que se tiene, o sea, quien vive una rutina de explotación o sufre una determinada opresión tiene o debería tener el deber de militar en su propia realidad, buscando organizarse con más gente y así tratar de cambiar las relaciones de poder. Aún así, no existe ninguna facilidad en eso y como dicen la paciencia también es un acto revolucionario. Es fundamental saber mediar entre lo que queremos como objetivo final y lo que podemos hacer aquí y ahora, rumbo a ese objetivo. De lo que se trata es de nunca aislarse respetando los tiempos de los y las compañeras de base, saber el momento adecuado para recoger de forma oportuna responsabilidades y coherencias, y obviamente estar preparado y abierto para lo que venga del camino contrario.

Es importante lo que dice el dicho popular: “una golondrina no hace verano”. Nadie es un “super hombre” y hace trabajo de base solo, es necesario actuar con más gente, entiéndase, es necesario estar organizado con más gente. Contar con otras personas que militan en el mismo proyecto garantiza un avance, que se tenga un punto de apoyo, o también la posibilidad de retirarse en momentos difíciles, sumado al siempre necesario debate y el análisis colectivo sobre el escenario, la correlación de fuerzas y como actuar en ellas.

Como se dijo anteriormente, para hacer este trabajo es crucial garantizar horizontes de transformaciones sociales, es necesario que se viva con profundidad la vida diaria de aquellos con quienes nos gustaría movilizarnos. Cuanto más familiarizados estemos con sus hábitos y las costumbres de las clases oprimidas más fácil será la tarea de entenderse y movilizarse junto a los demás.

Del mismo modo, siempre existirá la demanda inevitable de formar políticamente a los compañeros y compañeras más activas, que surgen a lo largo del trabajo social que desarrollamos. Es un deber formar teóricamente, ampliando la capacidad de análisis de la realidad en la que se vive y se actúa. Pero formar políticamente no garantiza un cambio ideológico, pues como sabemos esta no se forma exactamente por las elecciones racionales, sino que está influenciada por el contenido sensible que se transmite a partir de las prácticas, siendo esencial el ejercicio permanente de la autonomía, la solidaridad y la iniciativa frente a los procesos.

Nuestras convicciones libertarias no necesitan ser escondidas y pueden ser debatidas de igual a igual sin sobreponerse por encima del movimiento y sus acuerdos. Aquí es preciso volver al inicio para dejar algo claro: el centro de nuestro trabajo nunca será el de hacer propaganda de nuestra ideología, pues para eso existen otros dispositivos y lugares. El objetivo central es aumentar el nivel de conflictividad en las luchas por los derechos y por una nueva sociedad, empoderando a los sujetos organizados y a sus respectivas organizaciones de base, juntando esas organizaciones a través de la solidaridad de clase y apostando hacia un horizonte de ruptura con el sistema de dominación existente.

Nuestro objetivo tiene que ser bastante claro: trabajo de base para crear Poder Popular. Esto es diferente a lo que se entiende por trabajo de base en otras corrientes, que buscan hacer trabajo doctrinario y producir instancias de base apenas como espacio local de reclutamiento para sus organizaciones políticas. Crear Poder Popular quiere decir ponerse junto a los oprimidos en movimiento y promover la lucha de clases ejerciendo autonomía, acción directa, autogestión y federalismo.

Vamos que es tarea urgente.

Texto original: https://federacaoanarquistagaucha.wordpress.com/2017/03/26/reflexoes-sobre-trabalho-de-base/

Foto: Barricada en Barcelona, mayo de 1937

 

Publicado por: Antônio Ade. Federação Anarquista Gaúcha
Traducido por: Alejandra F. Grupo Libertario Vía Libre

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